22/03/2018

Garbiñe Manterola Agirrezabalaga, con motivo del Día Mundial del Agua

 GarbiñeManterola

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 22 de marzo de 1993 el primer Día Mundial del Agua. Se cumplen, por lo tanto, 25 años en los que esta celebración ha contribuido a aumentar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso tan esencial para la vida humana. En el año 2010, esta misma institución reconoció explícitamente el derecho humano al agua y el saneamiento, derecho que contempla la necesidad imperativa de que todos los seres humanos tengan acceso a agua potable limpia. Cinco años más tarde el derecho al saneamiento se definió como derecho humano independiente al del agua, que define que toda persona, sin ningún tipo de discriminación, debe tener acceso físico y económico a servicios de saneamiento, en todas las esferas de la vida, que sea seguro, higiénico, aceptable social y culturalmente, que proporcione privacidad y asegure la dignidad.

Todo este recorrido histórico por el reconocimiento de los derechos humanos al agua y al saneamiento desembocó en la actual Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptada por Naciones Unidas el 25 de septiembre de 2015, en la que se recoge una meta específica en relación con el saneamiento que dicta que para 2030, es preciso lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad.

Reconocer el saneamiento como un derecho humano significa que este no es algo sujeto a la solidaridad, sino que establece una serie de obligaciones por parte del Estado como son el de respetar, proteger y cumplir este derecho. A su vez, implica un alto grado de responsabilidad, principalmente de aquellos que están a cargo de asegurar que el saneamiento esté al alcance de todos. Es importante tener presente que el saneamiento tiene una relación directa con la salud pública. Más allá del acceso individual, un saneamiento correcto que evite la contaminación del entorno protege los derechos humanos de los demás, entre ellos el derecho a la vida, a la salud, al agua y a un medio ambiente sano.

Este año el Día Mundial del agua se centra en explorar cómo la naturaleza puede ayudarnos a superar los desafíos que plantea el agua en el siglo XXI. La observación de la naturaleza nos ha enseñado que el ciclo de la materia es cerrado e interiorizar y trasladar esta observación a los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento nos ayudará a conseguir la sostenibilidad de estos sistemas en un futuro condicionado por el cambio climático. Tal y como apuntó Ban Ki-moon en su mensaje con ocasión del Día Mundial del Agua de 2015, para eliminar los múltiples problemas relacionados con el agua, debemos trabajar con un espíritu de cooperación urgente, con mente abierta a las nuevas ideas y la innovación, y dispuestos compartir soluciones que todos necesitamos para un futuro sostenible. En esta ineludible búsqueda de soluciones innovadoras cobra relevancia el concepto de la economía circular que, a diferencia de la visión lineal de aprovechamiento de los recursos, no sólo tiene como objetivo la reducción de la contaminación del agua, sino también la revalorización de los subproductos o residuos. Para este cambio en el que el residuo es visionado como un nuevo recurso resulta necesario considerar un nuevo enfoque para tratar aguas residuales.

En definitiva, no debemos olvidar que, aunque el acceso al agua es un derecho humano amparado por una normativa en pos de asegurar una vida digna como seres humanos, como individuos que componemos una sociedad que vive en un medio natural este derecho también exige un aprovechamiento responsable de este recurso. La creatividad será una de las claves imprescindibles para sacar máximo partido a las oportunidades que nos brinda la Naturaleza para el agua.

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